Lozoya, espectáculo político que podría enterrar al presidencialismo IV/V

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*¿Qué lo obligó a avisar que abriría la boca, y a comprometerse con el “nuevo” proyecto político? ¿Por qué decidió preterir sus lealtades para desafanar a su familia? ¿Cuáles fueron o son los argumentos de Emilio Lozoya Thalman, para que su hijo -quizá por vez primera- asuma las consecuencias de su actitud corrupta y corruptora? ¿En qué momento de extrema lucidez decidió involucrar a las mujeres de su familia?

Gregorio Ortega Molina*

Asumir que con más y riesgosa corrupción en la procuración y administración de justicia se combatirán con eficacia los arreglos con billetes, es algo más que una torpeza. Si la sociedad desconfía de sus policías y sus jueces, en poco tiempo deja de creer en su gobierno.

AMLO cree que, con la cabeza de Medusa en las manos, erradicará la corrupción, pero no se da cuenta de que adquiere esa dimensión que plasma Francisco de Goya en Saturno devorando a su hijo. En este caso su nostalgia por la presidencia imperial. Restablecerla por la vía de la corrupción en la procuración y administración de justicia es regresar a idénticos vicios.

¿Ofreció, Emilio Titino Lozoya Austin, recibos ológrafos, con la posibilidad de certificar las firmas? ¿Los audios y videos que dice tener, son cien por ciento verificables? Poco importa que los delitos por él cometidos no hayan prescrito, lo importante será comprobar y probar, contra todo, la complicidad de sus denunciados.

Fue incapaz de sobrevivir al halago y a las consecuencias de su paso por la política, Tuvo la suficiente inmadurez para comprometer a su madre, esposa y hermana. Es tonto de capirote.

Margaret Atwood, en Los testamentos, deja bien asentada la lección que no debe olvidarse: “… hay tres razones más que justifican mi longevidad política. La primera es que el régimen me necesita. Controlo la fracción femenina de su empresa con un puño de hierro en un guante de cuero en un mitón de lana, y mantengo el orden a rajatabla: como el eunuco de un harén, estoy en una posición privilegiada para cumplir con ese cometido. La segunda es que sé demasiado sobre los dirigentes, demasiados trapos sucios, y no están seguros de si dispongo de algún tipo de documentación. Si me aprietan demasiado las clavijas, ¿esos trapos sucios podrían salir a la luz? Tal vez sospechen que he tomado la precaución de cubrirme las espaldas, y acertarían.

“En tercer lugar, soy discreta. Cada uno de esos altos cargos ha creído, siempre, que sus secretos están a salvo conmigo; pero, como les he dejado entrever, sólo mientras yo también esté a salvo. Hace mucho que tengo fe en el sistema de pesos y contrapesos…

“… la discreción es la mayor cualidad de la valentía, así que me callo”.

¿Qué lo obligó a avisar que abriría la boca, y a comprometerse con el “nuevo” proyecto político? ¿Por qué decidió preterir sus lealtades para desafanar a su familia? ¿Cuáles fueron o son los argumentos de Emilio Lozoya Thalman, para que su hijo -quizá por vez primera- asuma las consecuencias de su actitud corrupta y corruptora? ¿En qué momento de extrema lucidez decidió involucrar a las mujeres de su familia?

Imposible aplicarle la consideración aristotélica que leyera Hefestión cuando permaneció a las órdenes de Alejandro de Macedonia: “… los servicios del transgresor siempre deben compararse con sus delitos, y sólo si éstos son mayores que los primeros debe castigársele”.

Hoy, dejó de ser así.

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