Lozoya, espectáculo político que enterrará al presidencialismo I/V

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*¿Quién recibió los billetes contantes y sonantes de Odebrecht? No se los entregaron en mano al candidato presidencial Peña Nieto ni a Luis Videgaray. Es muy posible que quien haya recibido el efectivo fue el mismísimo Emilio Lozoya Austin, y también lo es que él fuese la serpiente del árbol del bien y del mal: “Oye, Luis, dile al candidato que Odebrecht ofrece tanto. ¿Lo acepto? Ya me dirán qué hacer”; quizá así se desarrolló el diálogo inicial.

Gregorio Ortega Molina*

AMLO equivocó -por una vez- los tiempos políticos. Se adelantó al abrir la carpa de los juicios mediáticos y estrictamente político-electorales, porque del resultado de éstos dependerá la sanción legal, si es que quiere ganar la Cámara de Diputados en 2021.

Él mismo se colocó en una situación de perder-perder, porque airear en las redes sociales y en los medios, las pequeñas o enormes corrupciones del prianato, también pondrá en tela de juicio al modelo presidencialista e imperial. Puede ser que en este momento en el que usted lee, el presidente que sostiene gobernar para todos, sin quererlo -por estar en la revisión de su Informe de Gobierno- esté meditando en el diseño de las honras fúnebres de lo que tanto añora y tanto quiso recuperar. Imposible lograrlo.

Alguien en su entorno debiera obsequiarle Los testamentos, novela en la que Margaret Atwood nos ilustra con esta reflexión: “Das un primer paso y, para escapar de las consecuencias, das el siguiente. En tiempos como los que vivimos, existen sólo dos direcciones: ascender o irse a pique”.

Los asesores de AMLO y él mismo lo saben, de ahí que las baterías de las primeras delaciones, inventadas o reales, estén enderezadas contra el INE, contra su ceguera, al negarse a ver lo obvio: el financiamiento ilegal en la campaña presidencial de 2012, ya inimputable legalmente, aunque se convertirá en una fábrica de escarnio y desprestigio en contra del árbitro electoral. La idea es que se deje de confiar en esa institución que a la 4T le dio el triunfo, pero que, para sus propósitos, ya no le sirve.

Alejandro Gertz Manero, por instrucciones de su domador, hace público, a medias, lo que debe ser privado debido a que se trata de una investigación en curso, con el propósito de que la imaginación de la sociedad se desborde en la especulación que descalifica. No muestra, ni de lejos, los recibos que dicen están allí para probar; permite que los nombres supuestos vayan de boca a oído, pero sobre todo da un vigoroso impulso al escarnio en contra de Luis Videgaray y Enrique Peña Nieto, a los que intentarán citar a declarar, exhibir e incluso someter a juicio legal, a sabiendas de que es la palabra de su muñeco de ventrílocuo en contra de la de unos supuestos imputados.

Margaret Atwood también nos ofrece una reflexión en este tema: “No es oro todo lo que encona, pero puede aprovecharse para otros fines sin ánimo de lucro: el conocimiento es poder, sobre todo si sirve para desprestigiar”.

¿Quién recibió los billetes contantes y sonantes de Odebrecht? No se los entregaron en mano al candidato presidencial Peña Nieto ni a Luis Videgaray. Es muy posible que quien haya recibido el efectivo fue el mismísimo Emilio Lozoya Austin -quien mantuvo, antes de su encumbramiento político, una relación laboral con esa empresa brasileña-, y también lo es que él fuese la serpiente del árbol del bien y del mal: “Oye, Luis, dile al candidato que Odebrecht ofrece tanto. ¿Lo acepto? Ya me dirán qué hacer”; quizá así se desarrolló el diálogo inicial.

Por lo pronto, este martes debemos estar atentos para saber si se inclina, o no, por la consulta “popular” para enjuiciar a los expresidentes, y hace explícitos los cargos. También debe aclarar si es juicio penal, por los fraudes, o sólo un juicio administrativo. ¿Puras habladas?

Oscurantismo político: ¿quién cilindrea a Gerardo Fernández Noroña para que sueñe con la presidencia de la Cámara de Diputados? A estas alturas quizá resulte benéfico que la obtenga, para que ese México bueno y sabio despierte y constate que le han jugado el dedo en la boca. Vivimos en la República del desatino.

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