La desigualdad

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José Dávalos*

Quedé impactado con las cifras que da sobre el problema de la educación un artículo de Carla Martínez “Reprueba México Educación ONLINE”, publicado en el periódico El Universal del jueves 20 de este mes de agosto. Por su importancia, entresaco unos párrafos de la publicación mencionada.

“México es el país peor calificado en educación en línea, principalmente por el alto costo de acceso a internet y la falta de computadoras, de acuerdo con un análisis que compara a los 30 países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y con datos de diversos organismos internacionales.”

La evaluación muestra que los mexicanos pagan 30.36 euros (786.94 pesos) en promedio por el acceso a internet, tarifa semejante a la de Noruega o Austria. En Canadá se destinan cerca de 22 euros (570.24 pesos), en Dinamarca, 26 euros (673.93 pesos) y en Turquía, 15 euros (388.80 pesos).

“Para conocer la accesibilidad a la educación por internet de los estudiantes se consideró la posibilidad de computadoras en casa, donde México tuvo el menor porcentaje de todas las naciones con 44.3% de acuerdo con datos de la OCDE”.

Don Sergio García Ramírez, Profesor Emérito de la UNAM, en un artículo “Educación y desigualdad: el porvenir en juego”, publicado en el periódico El Universal el sábado 22 de este mes de agosto, dice con palabras que calan muy hondo, que “Millones de niños se verán desalentados por la carencia de medios para entrar, bien equipados, a la lucha por la vida. Me refiero a una vida genuina, no sólo supervivencia. Muchas familias no cuentan con  recursos que les permitan llevar adelante, en serio y con eficacia, la educación que requieren sus hijos. ¿Cómo pretender que haya educación para todos, cuando no todos tienen los medios para recibirla?”

El Maestro García Ramírez sigue hablando la verdad y con el índice señala que “La  desigualdad prevaleciente está abriendo grandes fisuras en nuestra sociedad.  No cerrarán en mucho tiempo. Había más de “un México”. Éramos y nos sabíamos diferentes. Y ahora el drama de la educación profundiza las diferencias entre los mexicanos y el abismo que separa a los vulnerables de los afortunados. Seremos conciudadanos, pero  no necesariamente compatriotas. ¡Cuidado!

Esta desigualdad que cada vez se profundiza debe ser la preocupación de quienes manejan la cosa pública. Habrá remedio si queremos.

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