¿Dónde claudicó Zepeda Patterson? III/V

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*La razón se esconde en el fondo de los monederos de las amas de casa, en el creciente descontento de los desempleados; en la ausencia de Estado mostrada en los videos del 4 y 5 de agosto en redes sociales, donde se ve que la sociedad debe hacerse justicia por propia mano. También en las más de 60 mil muertes oficiales por Covid-19 y en las 57 mil víctimas de la violencia durante los primeros 20 meses del Amlato. Nada hay más definitivo que la muerte. Me parecen datos suficientemente concluyentes.

Gregorio Ortega Molina/

Tomás, tan buen periodista como Zepeda Patterson, trae su propia carga de sueños y frustraciones. A lo peor son las del autor de Los corruptores. El periodista de la novela quiere, necesita ser -el autor ya es-, aunque está a un tris de dejar de ser, por la incongruencia entre literatura y nota o artículo para la prensa escrita y digital. Dejó de ser fiel a sus convicciones humanas y narrativas. Hoy el compromiso es coyuntural y ajeno a la sociedad.

Es su personaje quien dicta cómo y por dónde:

-Yo estoy dispuesto a jugármela: lo que el presidente Prida y su supersecretario Salazar quieren hacerle al país es imperdonable. Los factores de poder, los monopolios, los medios de comunicación y hasta el crimen organizado están regresando al redil dictado por el presidencialismo, no porque vayan a desaparecer o debilitarse, sino porque van a acomodarse con el nuevo amo. Pero termináremos pagándolo con un retroceso de veinte años en materia de libertades públicas y espacios democráticos. Si el incidente, como tú dices, ayuda a ponerlos contra la pared, yo estoy decidido a llevarlo hasta las últimas consecuencias.

Insisto, lo anterior parece escrito por un brujo o adivino. El episodio de Nexos es una reminiscencia del boicot publicitario al Excelsior de Scherer. ¿Dónde está la diferencia entre el pasado inmediato y el presente acuciante? Los políticos, los que hoy mandan, también son rehenes del mismo modelo de gobierno, este nefasto presidencialismo imperial que impide la verdadera 4T, la renovación nacional. Tienen que aceptarlo, sin reforma del Estado no hay avance social ni democrático.

Poco importa el esfuerzo retórico y lingüístico para convencernos; de nada vale la fama de los actuales intelectuales orgánicos. Además del modelo político, la pandemia y la economía le juegan las contras.

Para apoyar mi aserto recurro a cabeza y texto del analista político Jorge Zepeda Patterson, publicado en Milenio y El País el jueves seis de agosto último.

La cabeza convence difícilmente al lector: No te gustará este texto. En el primer párrafo lo resuelve todo.

“Si usted es uno de los mexicanos convencido de que el presidente Andrés Manuel López Obrador nos está conduciendo al desastre, este texto probablemente habrá de incomodarle. El manejo que el Gobierno ha hecho de la crisis económica provocada por la pandemia ha sido percibido en el sector privado, poco menos que como un crimen, un error descomunal que deprimirá al sector productivo y condenará al país a la depresión y a la pobreza. Entre la élite y los sectores altos y medio altos esta tesis se ha convertido en una verdad absoluta. El problema para ellos es que la información está lejos de ser concluyente y en más de un sentido podría ser contraria”.

Es posible que le asista la razón, pero yo creo que ésta se esconde en el fondo de los monederos de las amas de casa, en el creciente descontento de los desempleados, que no pronto encontrarán lugar en el sector productivo; en la ausencia de Estado mostrada en los videos del 4 y 5 de agosto en redes sociales, donde se ve que la sociedad debe hacerse justicia por propia mano. También en las más de 60 mil muertes oficiales por Covid-19 y en las 57 mil víctimas de la violencia durante los primeros 20 meses del Amlato. Nada hay más definitivo que la muerte. Me parecen datos suficientemente concluyentes.

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