El mito de la recaudación fiscal

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*Hubo una época posrevolucionaria en que el poder político casi todo lo pudo. Hoy no es así, empezando porque los administradores públicos olvidaron lo esencial de los floreros: que las flores se marchitan.

Gregorio Ortega Molina*

Se ufana AMLO de los niveles de la recaudación fiscal logrados bajo su liderazgo moral, pero olvida que durante semanas nos hemos enterado de la pérdida de empleos, del cierre de la economía, de la caída del comercio… de que lo que florece es la economía informal.

Anuncia con desbordada alegría que Walmart, FEMSA, Nissan y otras empresas se avinieron a pagar, mediante convenio, miles de millones de pesos adeudados al SAT, lo que es ingreso único debido a su calidad de recuperación de adeudos. Desaparecen los números rojos, pero los ingresos fiscales no aumentan.

Festeja, con bombo y platillo, la cifra récord de las remesas, lo que significa un alivio frente a la huida de capitales, pero en cuanto al fisco… representa poco o casi nada, porque ese dinero va directo a las manos de las familias, que adquieren sus bienes y comestibles en el comercio informal, donde el IVA no existe y los servicios están reducidos al mínimo, porque así está diseñada la política clientelar y electorera.

Los anteriores son los datos generales que indican su urgencia por levantar el confinamiento, pues la economía nacional se deshidrata y seca a pasos acelerados, y quienes padecerán de inmediato las consecuencias son los beneficiarios de los programas sociales. Los egresos únicamente pueden permitirse si puntualmente cae dinero en las arcas de la nación.

Está la otra vertiente que ensombrece la necesidad de recurrir al mito de la recaudación fiscal récord, desbordada, sin límites, lo que garantiza el optimismo frente a los errores de las políticas públicas y las consecuencias del Covid-19 en la economía del mundo y de las naciones.

Me refiero a la posibilidad de que hayan decidido recurrir al dinero negro que no se recauda a través de la informalidad económica, sino el que se recibe al cerrar los ojos a las actividades del crimen organizado, preferentemente a la que se pudo haber garantizado con la liberación de Ovidio Guzmán y el saludo de paso a María Consuelo Loera. Ojos que ven, Tesorería que se resiente. Aquí y en todas las naciones.

Es cierto que hay otros canales de ingreso para las aportaciones hechas por los criminales de cuello blanco. El problema es que son colindantes con los hechos de corrupción administrativa y política y, de acuerdo al INEGI, hemos podido constatar que no desciende, sino que crece, lo que es un fenómeno humano esperado, pues ante la incertidumbre de los tiempos modernos, el que puede decidir guardar para los años malos, extiende la mano y lo hace.

Hubo una época posrevolucionaria en que el poder político casi todo lo pudo. Hoy no es así, empezando porque los administradores públicos olvidaron lo esencial de los floreros: que las flores se marchitan.

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