Desaparecer por desaparecer,
la consigna de este sexenio

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Benito Gaytán*

A lo largo de varias décadas el país se ha ido transformando y se han creado instituciones sólidas para que la vida democrática transite por la vía de la legalidad, por lo que resulta peligroso que la mayoría de esas instituciones hayan sido desmanteladas a partir de esta nueva administración, recortándoles presupuestos o nombrando a ciudadanos que no tienen el conocimiento para encabezarlas.

Uno de los ejemplos más emblemáticos de ese desmantelamiento fue cuando algunos personajes cercanos al Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, comparecieron ante el Senado para formar parte de la Comisión Reguladora de Energía, pero por su nulo conocimiento en el tema energético fueron rechazados hasta en cinco ocasiones.

Algunos organismos reguladores autónomos han sido claves para que haya competencia en el mercado de las telecomunicaciones, por ejemplo, ahora hay más operadores en radio, televisión y telefonía, lo que beneficia al consumidor. Esos organismos fueron creados para tratar de disminuir los monopolios u oligopolios que aún existen, pero poco a poco la competencia ha generado que mejoren sus servicios.

En el actual gobierno, las leyes o instituciones que le han estorbado son desaparecidas por Decreto y eso resulta raro pues parecería que el jefe del Ejecutivo gobierna con una oposición en el Legislativo cuando la realidad es que cuenta con mayoría para hacer lo que le plazca. Quizá son esos fantasmas que se quedaron en la 4T y buscan enemigos donde no los hay.

Una de las leyes que en su momento fueron adecuadas para que las compras de gobierno fueran transparentes fue la Ley de Adquisiciones y Arrendamientos de Servicios del Sector Público, pero ahora de esa Ley solamente se centra en las adjudicaciones directas que fue un procedimiento muy criticado en el pasado por el inquilino de Palacio Nacional.

Ahora el único requisito para acceder a un contrato con el gobierno es la honestidad o aquellas que sean de reciente creación a las que se les otorgan contratos millonarios. El problema está en que una de las promesas de campañas fue terminar con esos procedimientos por ejemplo ya que eran nidos de corrupción, por lo que desconcierta que hoy ese procedimiento sea el más utilizado por las dependencias de gobierno.

Esas instituciones u organismos que se pretenden desaparecer de un plumazo nos remontan a los años setenta cuando no había un ente fiscalizador de la utilización de los recursos públicos, es decir no había una Secretaría de la Función Pública y fue la década cuando funcionarios públicos se volvieron millonarios.

Hoy sucede lo mismo. Uno de esos funcionarios de antaño es el Manuel Bartlett, señalado públicamente como ícono de la corrupción priista, pero que ahora estando en el gobierno se santificó y todos esos pecados que cometió desaparecieron de un plumazo, tal y como sucede con instituciones y organismos que son incómodos para la 4T.

En septiembre de 2006, López Obrador mandó al diablo a las instituciones y ahora siendo Presidente no solamente lo hace con estas sino contra todo aquel que no esté con él y así lo declaró en su gira de la semana pasada cuando dijo abiertamente que se está con la transformación o se está en contra de ella, lo que reafirma la división y polarización que siempre ha profesado y que le ha dado resultado, tanto que hoy despacha en Palacio Nacional.

El único argumento para desaparecer instituciones y organismos reguladores es la “austeridad”, lo que sea que eso signifique, porque el ahorrarse unos cuantos millones de pesos para hacer el “cochinito” y comprar conciencias electorales no es el camino correcto ya que desmantelar esas instituciones que tanto costaron al país crearlas es el camino para ser lo más parecido a Venezuela, por más que se niegue.

Esa obsesión del inquilino de Palacio Nacional contra el neoliberalismo le está costando caro al país porque ni siquiera se hace un análisis a conciencia de qué funciona y qué no, sino solamente se han dedicado a la prueba-error y filtran sus intenciones de eliminar instituciones o recortar recursos en sectores importantes y si la sociedad les reprueba eso, entonces reculan.

*Analista.