García Luna y la DEA

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*Ahora, en lugar de estar en lo fundamental de lo que se nos viene encima, se sirven de Genaro García Luna y sus complicidades con la DEA, de lo que el señor Felipe Calderón Hinojosa obviamente estuvo enterado, porque esa masa monetaria no se mueve en el país sin el conocimiento de la autoridad superior, ya sea por control o allegarse información.

Gregorio Ortega Molina*

¿Por qué ninguno de los analistas y escritores mexicanos le entra al fondo del problema del narcotráfico y sus administradores y dueños? Permanecen en la periferia del tema y cuando en el caso de los poderes locales de los barones de la droga se animan a dar los nombres de algunos de los cómplices y/o los infiltrados, los matan, como a Javier Valdez.

El caso de Anabel Hernández y sus Señores del narco, es único, por peculiar. Su garganta profunda, militar retirado y de disciplina a toda prueba, fue lo suficiente hábil, para acotarle el tema ajustado a sus propios intereses, y además la orientó para que lo considerado razones o políticas de Estado quedaran en lo subyacente, en lo que puede imaginarse o sugerirse, pero de ninguna manera puede corroborarse.

Genaro García Luna sólo es el eslabón más débil de acuerdos no escritos entre los gobiernos de Estados Unidos y México, e impuestos para servir a los primordiales intereses económicos y de seguridad interna del primero. Si de algo debe acusarse al ex zar antidrogas mexicano y antecesor de Alfonso Durazo, es de ingenuo, torpe y voraz. Creyó que sus complicidades -sin éstas imposible reunir SEIS mil pruebas de cargo. Es el Manuel Antonio Noriega mexicano- con la DEA y sus patrones mexicanos, le garantizarían el futuro.  Hoy se le necesita como fusible y quizá algo más.

La DEA, como aquí la garganta profunda de la periodista Hernández, tiene sus propios vehículos para filtrar y presionar. Creo que uno de ellos es Don Winslow, quien en su novela La frontera deja suficientes indicios para que los lectores comprenden que el centro estratégico, neurálgico y de poder del narco en el hemisferio occidental, reside en Estados Unidos y concretamente en Wall Street. Allí es donde ha de combatirse la pandemia de las drogas, con inteligencia financiera. Nadie lo quiere, porque esa lana se recicla en las economías nacionales de diferentes naciones.

Winslow escribe sobre el protagonista de su ficción: “Conoce la situación en México mejor que cualquiera de los presentes. Le guste o no, el cártel de Sinaloa es una pieza clave para la estabilidad de México. Si el cártel se deshace debido a la desaparición de Barrera, la precaria paz que reina en el país podría correr la misma suerte. Barrera también era consciente de ello, y esa postura de después de mí el diluvio le había permitido pactar ventajosamente tanto con el gobierno de México como con el de Estados Unidos…”.

Las cuentas congeladas al CJNG están radicadas en bancos que operan en México. Las fortunas de las cuales se sirven y les interesa preservar en Estados Unidos y en paraísos fiscales, parecen intocables.

Los acuerdos, supuestos o reales, permiten conservar en la administración pública mexicana lo que queda del disminuido Estado… que sobrevive gracias a las remesas, a la recaudación fiscal y a los convenios de colaboración entre los barones del dinero y quienes mangonean en México. Pero esta realidad, que es similar a Jano, muestra un rostro más grotesco:

Reflexiona Don Winslow: “Decenas de miles de millones de dólares procedentes del narcotráfico -en metálico- van a parar a México cada año, tanto dinero que ya ni siquiera lo cuentan: lo pesan. Ese dinero tiene que ir a parar a alguna parte, los narcos no pueden guardarlo debajo de la almohada o en agujeros excavados en sus jardines. La mayoría está invertida en México; se estima que el dinero procedente de las drogas constituye entre un 7 y un 12 por ciento de la economía mexicana”. A saber, pero de que cuenta, cuenta.

Ahora, en lugar de estar en lo fundamental de lo que se nos viene encima, se sirven de Genaro García Luna y sus complicidades con la DEA, de lo que el señor Felipe Calderón Hinojosa obviamente estuvo enterado, porque esa masa monetaria no se mueve en el país sin el conocimiento de la autoridad superior, ya sea por control o allegarse información.

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