Contra la corrupción, aquí no pasa nada

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Benito Gaytán*

México continúa siendo el país del “no pasa nada” y nada pasará. En el sexenio anterior se documentaron infinidad de actos de corrupción que no fueron castigados y que quedaron impunes y 30 millones de ciudadanos votaron por un cambio, esperanzados de que se pasaría a castigar aquellos actos de corrupción que se cometieron más los que sucedieran en el presente.

A lo largo de estos 18 meses de administración federal, se han señalado actos de corrupción a los que el Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, simplemente ha preferido voltear a ver hacia otro lado y repetir todos los días que aquella se acabó, como si diciéndolo desapareciera por arte de magia.

El jefe del Ejecutivo cuando era oposición criticaba a diestra y siniestra que prevalecían las adjudicaciones directas de los contratos del gobierno y que no había licitaciones públicas transparentes, pero en éste se institucionalizó por encima de los procesos que establece la Ley de Adquisiciones, Arrendamientos y Servicios Públicos.

La corrupción está más vigente que nunca y comenzó en este sexenio, desde que en enero de 2019 se compraron decenas de pipas en Estados Unidos para cubrir el desabasto que había en ese momento por el huachicoleo, pero a la fecha nadie sabe y nadie supo dónde quedaron. Lo que ha caracterizado a esta administración ha sido la opacidad como en sus buenos tiempos de jefe de Gobierno, el hoy Presidente de la República reservó por años los contratos para construir el segundo piso del Periférico.

Uno de los actos de corrupción que más escandalizó fue el del hijo de Manuel Bartlett en la compra de los ventiladores para el IMSS de Hidalgo ya que el modus operandi es el mismo que se ha utilizado siempre, que es el de ser intermediarios entre el gobierno y el vendedor y así venderlos a éste en precios muy altos no importando si cumplen o no con las especificaciones.

Ese acto de corrupción que fue ventilado por la asociación “Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad” provocó que el IMSS saliera con que no cumplían con las especificaciones y fueran devueltos, pero más bien fue por la presión mediática y seguramente ahí quedará el caso, al igual que cuando Bartlett fue exonerado, por la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, de haber omitido en su declaración patrimonial, sus 23 casas y un patrimonio de casi 900 millones de pesos.

Esa incongruencia o doble moral con la que se maneja el jefe del Ejecutivo diciendo, por un lado, que va a combatir la corrupción o que ya se terminó y, por otro, manteniendo en su gobierno al personaje más representativo de la corrupción de antaño, no hace más que confirmar que, así como en la administración anterior se vivía en “el país del no pasa nada”, ahora más que nunca seguirá vigente esa frase.

Esas promesas de campaña de “combatir la corrupción”, que la “casa se barre de arriba hacia abajo” o “que en su gobierno no se iba a solapar ningún acto de corrupción” fueron música para los oídos para los 30 millones de ciudadanos que sufragaron por López Obrador, pero que hoy han de estar decepcionados de que esas palabras se las llevó el viento y que los actos de corrupción continúan, quizá peor que antes.

Las investigaciones que hace la titular de la Secretaría de la Función Pública son exactamente igual de las que hacía su antecesor, Virgilio Andrade, exonerando sin profundizar en las investigaciones para quedar bien con quien gobernaba en ese momento, tal y como ahora lo hace Sandoval para congratularse con el inquilino de Palacio Nacional.

Si una de las banderas de este gobierno es el “combate a la corrupción” y si “la casa se barre de arriba hacia abajo”, hay varios miembros del gabinete que deberían de renunciar, pero el problema es que el jefe del Ejecutivo no tiene derecho a equivocarse y no removerá a ningún funcionario, aun y cuando haya sido acusado con pruebas.

Ese será otro talón de Aquiles, si el próximo año pretende mantener la mayoría en el Congreso y que por lo que se ve, hasta ahora, será difícil de lograr. Y el acusar todos los días a todo mundo de corrupto, neoliberal o conservador sin pruebas, simplemente porque él lo dice podría salirle caro en lo que resta del sexenio porque quien acusa tiene la obligación de probar.

*Analista