¿Adiós neoliberalismo? IV/V

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*Para que el neoliberalismo pase a mejor vida, lo necesario y urgente sería cerrar fronteras, encerrarse, desmantelar las redes de comunicación y retrotraernos, al menos, al siglo XIX. ¿Así lo quieren?

Gregorio Ortega Molina*

Las soluciones nunca son fáciles. No en las reyertas domésticas, en los conflictos sociales, en la corrupción de los asuntos públicos, en la violencia. Mucho menos en los acotamientos al modelo de desarrollo, para que la derrama de la riqueza también llegue a los de abajo, como los calificó Mariano Azuela. De esos hay muchos más que de los de arriba.

Pero, lectores, no nos emboruquemos. Para aclarar el punto de por qué el neoliberalismo no puede desaparecer, cedo la palabra a la ficción narrada en la novela de Bill Clinton y James Patterson, El presidente ha desaparecido, de la cual me tomo la libertad de transcribir tres párrafos que, a mi juicio, lo dicen todo:

“Una de las grandes ironías de la era moderna es que los avances de la humanidad pueden hacer que seamos más poderosos y no obstante más vulnerables. Cuanto mayor es el poder, mayor es la vulnerabilidad. Ustedes creen, y con razón, que se hallan en la cima del poder, que pueden hacer más cosas que nunca antes, pero yo creo que están en la cima de la vulnerabilidad.

“El motivo es la dependencia. Nuestra sociedad se ha vuelto completamente dependiente de la tecnología…”

“Más concretamente, casi todas las formas sofisticadas de automatización, casi todas las transacciones que se efectúan en el mundo moderno, dependen de Internet. Lo diré de este modo: dependemos de la red eléctrica, ¿o no?”

“Y si la gente no tiene dinero, ¿cómo puede seguir siendo viable cualquier sector de la economía? Ni un solo establecimiento de cualquier calle de este país, de las Quintas Avenidas a las Magnificent Miles y los Rodeo Drives a los sitios más pequeños de las ciudades más pequeñas: ¿cómo podrán existir sin clientes? Por no hablar de los sectores basados en Internet. No quedará nada de la economía estadounidense, absolutamente nada”.

Lo cierto es que así ocurriría en todo el mundo, o como decíamos de jóvenes: aquí y en China. La república mexicana es extensa, llena de misceláneas, comercios pequeños, tianguis ambulantes, vendedores de comida instalados en las aceras, pedigüeños de todo tipo…, boleros, voceadores, compradores de agujetas y mil productos “chafas”, pero que alimentan a un sinnúmero de familias.

Para dar continuidad a sus vidas se requiere del empleo formal; para que éste permanezca y se creen nuevos puestos de trabajo, se necesita inversión; para que capitanes de empresa, comerciantes, barones del dinero inviertan, es muy útil la seguridad jurídica; para que ésta funcione, es indispensable respetar los acuerdos establecidos, por el gobierno en funciones y por los anteriores, porque se trata de una nación, una República, no una persona.

Todo lo anterior, hoy, en su mayor porcentaje depende de Internet, éste le da vida a la globalización y al neoliberalismo. Para que éste pase a mejor vida, lo necesario y urgente sería cerrar fronteras, encerrarse, desmantelar las redes de comunicación y retrotraernos, al menos, al siglo XIX. ¿Así lo quieren?

www.gregorioortega.blog                                               @OrtegaGregorio