La pandemia económica

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Miguel Tirado Rasso*

El golpe asestado por la pandemia del coronavirus, ha mostrado la vulnerabilidad de los pueblos del planeta ante la rabia del Covid-19, una enfermedad infecciosa producida por un virus, ambos desconocidos hasta antes de que se diera el brote en China. Un virus de baja letalidad, pero altamente infeccioso, que se transmite principalmente por contacto de gotículas respiratorias, más que por el aire (Organización Mundial de la Salud, OMS), y que, para el fin de marzo pasado, a nivel mundial registraba 859,556 mil casos y causado 42,151 mil muertes.

La reacción en China para enfrentar esta enfermedad, cuyo primer caso surgió en noviembre del año pasado, en la provincia de Hubei, del país asiático, según el diario South China Morning Post, que afirmó haber tenido acceso a información confidencial de las autoridades de Beijing, fue lenta, pues no fue sino hasta enero de 2020 que se dio la alerta, oficialmente, sobre el brote del virus en la ciudad de Wuhan. También fue lenta en otros países, en los que la negligencia o negación de sus gobiernos para reconocer la gravedad de la infección, los llevó a perder tiempo valioso en la aplicación de medidas de prevención, con graves consecuencias.

Declarada la pandemia, la preocupación se concentra ahora en contar con la infraestructura suficiente para atender las víctimas de esta enfermedad, así como, evitar su propagación para evitar contagios y salvar vidas. Para esto último, las medidas que se recomiendan, si bien simples, unas, como lavarse frecuentemente las manos, evitar tocarse la cara, permanecer en casa, aislamiento social, otras resultan más complejas y delicadas, por sus efectos de alto impacto en la vida económica, laboral y financiera de los países, lo que plantea un grave problema, de otro tipo de supervivencia.

Y si contra el coronavirus se reaccionó con lentitud para contener su transmisión, con las consecuencias que estamos viviendo, ahora se trata de evitar incurrir en el mismo error, en su impacto en las economías del mundo. La semana pasada, los miembros del G20, que agrupa a los 20 países de las principales economías del planeta (Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Francia, Alemania, India, Indonesia, Italia, Japón, México, República de Corea, Rusia, Arabia Saudita, Sudáfrica, Turquía, el Reino Unido, los Estados Unidos y la Unión Europea), realizaron una Cumbre Virtual, para hablar del coronavirus  y plantear medidas que permitan reducir su impacto humanitario y económico.

Y es que, en opinión del Fondo Monetario Internacional (FMI), la crisis actual podría convertirse en la peor recesión mundial en cerca de 90 años. Por lo pronto, el Fondo pronostica, con las perspectivas actuales, una recesión tan grave como la de la crisis financiera de 2008, cuando el PIB mundial se contrajo un 1.7 por ciento, la peor recesión, entonces, en 80 años.

El organismo financiero reconoce que ha habido una buena respuesta de gobiernos y bancos centrales, preocupados por disminuir las consecuencias de una devastación económica inminente y es optimista sobre una pronta recuperación económica en 2021. Sin embargo, señala que ésta no será muy equitativa, “las economías avanzadas están generalmente en mejor posición para responder a la crisis, apunta el Fondo, pero muchas economías emergentes y países de bajos ingresos afrontan desafíos significativos”. Entre estos, destaca una histórica salida de capitales de países emergentes en busca de destinos más seguros, que calcula el FMI en 83 mil millones de dólares.

Ante semejante panorama, países como EUA, Alemania, Inglaterra, Francia, Italia, entre otros, han anunciado medidas para compensar la parálisis económica y en apoyo a su planta productiva y a sus trabajadores. Apoyos fiscales, reducción en las tasas de interés, préstamos para recapitalizar empresas, fondos de apoyo para pequeñas y medianas empresas, ayuda económica a empleados afectados, son algunas acciones que estarán aplicando ya, porque, en esto, la oportunidad cuenta para la mayor efectividad de los apoyos.

En este tema, nuestro país se ha visto lento y a la fecha no se ha dicho mucho ni poco sobre un programa de apoyo para las empresas privadas que generan 9 de cada 10 empleos en el país. Y no es que se busque un rescate por errores o ineficiencias, como pudo haber ocurrido en el pasado. No es para salvar empresarios, sino que, por tratarse de una crisis mundial de la magnitud que señalan los organismos financieros internacionales, resulta indispensable evitar el cierre o la quiebra de empresas, lo que nos llevaría a la peor catástrofe económica y financiera de nuestra historia moderna.

Nuestras principales fuentes de ingresos están muy afectadas. El precio del petróleo se desplomó por las diferencias entre Rusia y Arabia y la cotización de nuestro, otrora, oro negro cayó, el lunes pasado, 78 por ciento por debajo del precio calculado por la Cámara de Diputados para efectos del Presupuesto de Ingresos de la Federación. El turismo está detenido por la pandemia y, de acuerdo  con SECTUR, se observa ya un descenso en la ocupación hotelera del 51.8 por ciento; las remesas que nuestros paisanos envían a sus familiares, se han caído y, apenas es el principio; nuestras exportaciones han bajado por la inactividad industrial; la inversión privada está paralizada por falta de reglas claras, y la recaudación fiscal no alcanzará los cálculos de Hacienda, para no mencionar la salida de capitales, sobre lo que no existe mucha información.

Nuestra moneda anda volando bajo, en su relación con el dólar. La empresa financiera, JP Morgan, estima que la economía mexicana caerá este año 7 por ciento y que se registrará un decrecimiento de 35.5 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). Para colmo, las calificadoras internacionales (Standard&Poor´s y Moody’s) han disminuido la calificación crediticia de nuestro país, lo que repercutirá en los precios de los productos, servicios e intereses para obtener créditos.

El panorama es desolador, y si este problema, estrictamente económico-financiero, se analiza con criterios político-electorales e ideológicos, no habrá manera de que México salga con éxito de esta crisis, además de que el tiempo opera en contra, por lo que urgen definiciones.

Esperemos que, por el bien de todos, se termine ya con la retórica que divide y enfrenta, y el llamado sea: primero los mexicanos, todos unidos.

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