La carrera presidencial en EU

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* Miguel Tirado Rasso

El 3 de noviembre, en poco menos de 8 meses, el pueblo norteamericano estará acudiendo a las urnas para elegir a quién habrá de convertirse en el presidente número 46 de los EUA para los próximos 4 años. Si bien, el sistema democrático norteamericano es pluripartidista, por lo que no hay impedimento para la participación de candidatos a la presidencia o al Congreso, independientes o de otros partidos distintos al Republicano y Demócrata, la experiencia histórica ha mostrado que fuera de los postulados por estos dos partidos, a los demás les resulta casi imposible triunfar.

Y es que el sistema político de ese país está diseñado para una competencia bipartidista al otorgar bancas en el Congreso y la presidencia bajo un método en el que el ganador se lleva todo. En 48 estados de los 50 que integran la Unión Americana, los candidatos presidenciales obtienen todos los votos electorales del estado, al conseguir la mayoría de votos en la entidad. En 1992, Ross Perot se postuló como candidato independiente, alcanzando el 19 por ciento de los votos populares. Sin embargo, no obtuvo ni un solo voto electoral.

Actualmente, el proceso se encuentra en la etapa de elecciones primarias o caucus, asambleas internas de los partidos políticos que se llevan a cabo a nivel del condado o distrito electoral, para elegir a los delegados que habrán de asistir a la Convención Nacional Demócrata que se celebrará del 13 al 16 de julio, en donde se votará por el candidato presidencial del partido. Esta fase inició el mes pasado en el estado de Iowa en la que, para sorpresa de todos, un joven candidato, Pete Buttigieg, obtuvo el mayor número de delegados, desplazando al favorito de entonces, Bernie Sanders, a una segunda posición, aun cuando éste había conseguido la mayoría de los votos populares. En esta primera asamblea, el candidato Joe Biden habría quedado en un lejano cuarto lugar.

Vale mencionar que desde el año 2000, el ganador de esta primaria, se convertía en el candidato demócrata a la presidencia. Una tradición de 20 años que ahora termina, porque una flor no hace verano, y el candidato Buttigieg se desinfló en las siguientes primarias, por lo que, decidió retirase de la contienda electoral. Él y otros aspirantes, también declinantes, decidieron apoyar la candidatura de Joe Biden, que, tras un inicio errático, logró retomar el paso con éxito en las siguientes asambleas hasta colocarse en un segundo lugar, detrás de Sanders, justo antes del 3 de marzo, el “súper martes”, en el que se realizarían primarias en 14 estados y un territorio del país.

Después de esa intensa jornada, considerada la más importante de las elecciones primarias demócratas, Biden se colocó en primer lugar con 861 delegados contra 710 de Bernie Sanders. Recordamos que en juego hay 3,979 delegados y que, para alcanzar la candidatura del partido se requieren ganar 1,991 delegados. Por cierto, en las encuestas realizadas al día siguiente del súper martes, Biden tenía una intención del voto de 50.7 por ciento, frente a 44.4 por ciento que registraba Donald Trump. En el comparativo de preferencias con Sanders, Biden alcanzó 52.1 por ciento mientras que su oponente demócrata registró 35.3 por ciento.

La pelea en el lado republicano, está decantada abrumadoramente en favor de la reelección de Donald Trump. El presidente no tiene quién le haga sombra en el seno de su partido, pues, aunque existe otro candidato, Bill Weld, ni de comparsa le sirve. Según notas periodísticas este “candidote” sólo ha ganado un delegado en lo que va de todas las primarias.

Si no ocurre algo excepcional, Joe Biden alcanzará la candidatura presidencial demócrata y será quien se enfrente al neoyorquino. Se dice que, para Trump, Sanders resultaba un oponente a modo y que Biden es el único que podría ponerlo en aprietos en su proyecto de reelección. Algo habrá de cierto en esto, cuando el presidente se la jugó, hasta con riesgo de juicio político, para tratar de descarrilar la candidatura de Biden con el escándalo de Ucrania.

Ni manera de atreverse a hacer pronósticos sobre el resultado de la elección presidencial en nuestro vecino país del norte, pues con todos los acontecimientos que han surgido, a nivel mundial, el panorama se ha ensombrecido a grado tal que cualquier cosa puede suceder.